AUTOESTIMA Y AUTOCONTROL
Como futuros docentes, es importante que nos interesemos por aspectos como la autoestima y el autocontrol de nuestros alumnos y, en general, de cualquier persona. Estos dos términos, están relacionados con el proceso educativo y en especial con “la educación afectiva”.
En cuanto a la autoestima, podemos afirmar la gran relevancia de esta en el desarrollo vital, ya que es la estimación que siente un individuo hacia su persona, es decir, es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida (nuestra “imagen personal”). Cabe destacar, que las personas con alta autoestima se sienten bien consigo mismas y son capaces de enfrentarse y resolver cualquier dificultad que se les plantea. Por el contrario, aquellos con una baja autoestima suelen ponerse limitaciones e incluso fracasar. Con el fin de potenciar la autoestima de estos últimos, será necesario alabar sus logros, valorar de manera positiva cualquier intervención o, por el contrario, no hacer comparaciones y motivarlos a mejorar.
La autoestima de una persona no tiene porque ser baja o alta en todos los aspectos, sino que, un niño puede presentar una autoestima alta en el aspecto académico y baja en el físico.
A esto podemos añadir, las evaluaciones que se hacen los niños a sí mismos, dependiendo de la edad:
- De 2-6 años, evaluaciones más idealizadas.
- De 4-7 años, podemos hablar de cuatro dominios distintos: competencias física, competencia cognitiva-académica, aceptación por parte de los iguales y aceptación por parte de los padres.
- De 7-8 años empezará a aparecer una autoestima global más objetiva.
En lo que respecta al autocontrol, es la capacidad para dirigir la propia conducta y adaptarse a las normas y expectativas sociales. En un primer momento, las conductas de los niños están controladas desde fuera, los padres y los educadores vigilan todos sus pasos y les indican constantemente cómo deben comportarse. Conforme los niños crecen, dependen menos del control externo y son más capaces de enjuiciar las normas y de regular su comportamiento. El centro de control de la conducta pasa paulatinamente a ser interno. Este proceso de internalización supone la adopción de las normas, los criterios y las expectativas sociales como parte de los propios valores. Además, cabe destacar que en el seno familiar, este proceso de internalización por parte del niño se ve influido por los estilos de crianza, por los apoyos y afecto que recibe y por el sistema de premios y castigos.
Referencias:
https://goo.gl/maBQJh
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